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lafresa_
revista digital de arte contemporáneo
[grand tour 2007] |
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© Julia
Zimmermann/documenta GmbH |
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DOCUMENTA KASSEL 12.
16/06/07 - 23/09/07.
Antes de viajar hasta Kassel, las controvertidas opiniones vertidas
sobre la Documenta 12 hacían presagiar un panorama poco
alentador. Los despropósitos resultantes de la falta de previsión y la
carencia de un argumento unívoco que cohesionara la muestra, han hecho
que la crítica internacional se cebara contra los criterios
insustanciales del director artística del evento, Roger M. Buergel,
más pendiente de la prosopopeya mediática que de ahondar en las
preocupaciones reales del arte de nuestro tiempo. Realmente, si nos
atenemos a los precedentes, este carácter polémico y hasta cierto
punto desacordado no es nada novedoso, ha acompañado desde sus inicios
a las diferentes ediciones de la Documenta, cita que entiende la
discordia como una polvareda necesaria para atraer miradas y despertar
opiniones. Lo que ocurre es que otras veces esa reprensión no estaba
basada en hechos puntuales, sino que era una sensación general de
desconcierto potenciada por la capacidad de anticipación de muchos de
los artistas participantes o por la clarividencia de los
responsables.
La gran
particularidad de la esperada convocatoria de este año, es que una
gran parte de los reproches que se le hacen a la organización son
fácilmente demostrables, desmontando con argumentos de peso el crédito
del máximo responsable. El primer error de Buergel ha sido colocar a
su mujer como única comisaria, decisión unilateral que ha hecho recaer
sobre el matrimonio todas las culpas de los males acaecidos. Si los
únicos desaciertos de la pareja hubiesen sido por cuestiones de
criterio, no sería excesivamente grave, cada uno de nosotros tiene un
modo de ver las cosas y ese subjetivismo no se le puede echar en cara
a nadie. El problema es que se han equivocado mucho en cuestiones
básicas relacionadas con la previsión y la intendencia, algo
inadmisible (e incomprensible) para un evento que se celebra cada
cinco años. Que cuatro de los proyectos preparadas in situ, (y
exaltadas con vehemencia por el director antes de la inauguración),
hayan sido un auténtico desastre, evidencia a las claras la atención
que Buergel ha prestado a estas cuestiones preparatorias. El templo de
doce metros de altura erigido por Ai Weiwei con puertas y
ventanas de las dinastías Ming y Qing, se cayó a las primeras de
cambio tras una tormenta veraniega. El supuesto arrozal sembrado por
el artista tailandés Sakarin Krue-On a las faldas del Castillo
Wilhelmshöhe, nunca llegó a crecer por una simple cuestión lógica:
esta planta propia de terrenos más húmedos no se adaptó al crudo clima
alemán. El campo de hermosas amapolas planteado por Sanja Ivekovi
en la Friedrichplatz del centro de Kassel, sólo ha logrado
brotar, y en muy malas condiciones, pasada la mitad del evento. Y por
último, las marcas viarias que dejó por la ciudad la artista Lotty
Rosenfeld para evidenciar el exceso de control de las autoridades,
fueron escrupulosamente borradas por los sistemas de limpieza de la
ciudad, inocentes barrenderos que previamente no habían sido
advertidos del proyecto que se estaba llevando a cabo.
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Estas incongruencias, sumadas a absurdas patochadas como incluir a
Ferran Adrià como artista invitado, son la punta del iceberg de un
discurso general falto de coherencia y sustento, un planteamiento
anodino que no tiene hilo conductor ni razonamientos, sino que se
cimienta sobre una miscelánea indefinida sin principio ni final. No
hay un concierto claro, ni determinaciones generales, las piezas se
mezclan en un diálogo extraño donde rara vez hay lenguajes comunes.
Había obras abstractas y esencialistas (caso de las silenciosas piezas
de Sheela Gorda o de las pinturas apenas sugeridas de Agnes
Martin), que convivían con otras creaciones de talante
socio-político provenientes de países conflictivos o subdesarrollados.
Enfrentamientos ilógicos que dan como resultado un discurso global
deslavazado y descosido que no puede ser visto de manera racional en
su conjunto.
A veces los
elementos concuerdan, pero en la mayoría de las ocasiones la
disparidad hace que saltemos de una obra a otra sin encontrar nexos
convincentes ni atractivos. Incluso se han rescatado de manera extraña
algunas piezas de la segunda mitad del siglo XX para introducirlas de
modo disimulado entre otras creaciones más actuales. En este caso las
esculturas de Oteiza quedan fuera de lugar por su inadecuación.
Sus formas, aunque sigan latentes, son obsoletas. En cambio las obras
de Tanaka Atsuko (especialmente su famoso Vestido eléctrico
de 1956), mantienen su viveza y adecuación casi cincuenta años
después, demostrando más vigencia y modernidad la artista japonesa que
el creador vasco.
Quizás una de las
decisiones más entreveradas de la comisaria, Ruth Noack, haya
sido la de incluir a lo largo del recorrido diferentes elementos
recobrados del arte asiático de los siglos XVIII y XIX. La idea es
interesante y algunas piezas, caso de una gran alfombra persa colocada
en el Documenta-Halle al lado de la instalación de Cosima
Von Bonin, funcionaban bien, pero estos elementos decorativos de
talante artesanal no acaban de encajar del todo con los planteamientos
actuales, mucho más conceptuales. Tampoco ha sido acertado el
aprovechar el museo que existe en el Schloss Wilhelmshöhe para
entablar una dialéctica entre las obras históricas de Rembrandt
o Rubens y las de hoy día. Especialmente porque las obras
actuales, muchos más endebles y anecdóticas, quedan en evidencia ante
la energía y calidad de estos colosos de la pintura.
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Ahora bien, no todo es negativo en este océano de la contemporaneidad,
en los distintos pabellones podemos encontrar piezas que de manera
individual funcionan muy bien, obras que por ellas mismas son capaces
de sugestionar a los visitantes y convencerles por su potencial. Hay
dos especialmente, una muy pequeña y otra muy grande, que destacan por
su sensibilidad y misterio. El reducido retrato que pinta Gerhard
Richter de su hija Betty en 1977, es sin duda una de los grandes
aciertos de los comisarios. El cuadro, apenas mayor que un folio y
basado en una fotografía, es un primer plano muy intenso, un óleo con
unos atrayentes rojos venecianos que mezcla con sutileza la dulzura
nacarada de una débil y dubitativa princesa, con la tensión e
incertidumbre de una cabeza a punto de ser decapitada. La otra gran
obra es el filme de James Coleman Retake with Evidence,
un mediometraje de talante shakespeareano donde un excelente Harvey
Keitel es asolado por inescrutables dudas existenciales. El sonido, la
inmensa pantalla y la cuidada ambientación crean una atmósfera
absorbente capaz de atrapar de modo certero la atención de los
espectadores.
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Courtesy:
James Coleman; Marian Goodman Gallery; Simon Lee Gallery; Galerie
Micheline Szwajcer. |
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No voy a enumerar todas las obras que me parecieron interesantes,
porque son muchas y su relación resultaría desesperante y demasiado
descriptiva, lo que sí voy a hacer es señalar algunas que por algún
motivo u otro sobresalían de la generalidad. Por su originalidad y
frescura, merecen especial atención las obras presentadas por el
africano Romuald Hazoumé. Sus rostros hechos con restos de
bidones, recordaban en gran medida a la imaginativa manera en que
Picasso compuso una cabeza de toro con un sillón y un manillar. Su
sencillo conceptualismo, sustentado en la precariedad de materiales y
en una fértil imaginación, es un ejemplo para aquéllos que derrochan
medios sin capacidad. En esta línea de ingenuidad exótica, los dibujos
de Annie Pootoogook (artista inuit nacida en el Circulo
Ártico y criada en una comunidad de esquimales) me resultaron
candorosos en cuanto a la forma, pero perversos de contenido. Las
historias que contaban hablaban de escenas cotidianas repletas de
contaminaciones y maldades occidentales, estigmas que los pequeños
pueblos aborígenes, sean del tipo que sean, padecen al enfrentarse a
culturas más desarrolladas.
En cuanto a
instalaciones, destacar la excelente caracterización ambiental que
hace Íñigo Manglano-Ovalle. El artista americano de origen
español se apropia de dos espacios anejos inquietantes para cargar la
atmósfera de estos habitáculos de connotaciones evocadoras y
atractivas. A su vez, el conjunto planteado por SimonWashmuth
(con una reinterpretación a lo Sigmar Polke del famoso mosaico de
Alejando Magno contra Dario en la batalla de Isos, un video y recortes
de hemeroteca), es una reflexión muy interesante en torno a la
actualidad de Mesopotamia, una región que hace miles de años refulgía
con el esplendor de Persia, y que ahora está siendo devorada por las
guerras y los fanatismos religiosos. De los videos presentes en Kassel,
además de la película de corte intimista del ya citado Coleman,
mencionar el minucioso análisis que hace Harun Farocki
alrededor de la figura de Zidane en la Final del Mundial de Fútbol de
2006, un prodigio de exhaustividad y técnica.
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© Romuald Hazoumé / VG-Bild-Kunst |
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Hay artistas que se
repiten a lo largo de las diferentes sedes de manera exasperante. Esta
estrategia recurrente no estaría mal si las obras que se potencian con
esta argucia fueran de las más interesantes. El inconveniente surge
cuando los creadores elegidos no destacan por su calidad sino por
otras cuestiones. Por ejemplo, los inmensos cuadros del chileno
Juan Dávila son tan evidentes como groseros, dejando patente una
falta de destreza que encubre con polémicas facilonas. Las pinturas
sobre lona o los dibujos de Kerry James Marshall, no dejan de
ser historias ya contadas (y sabidas) sobre la vida de exclusión de
los negros en América. Los foto-collages de secuencias
construidos por Zofia Kulik atrapan por su morboso interés,
pero pierden vigor a fuerza de repetirse una y otra vez. Y la
presencia de John McCracken es provechosa cuando se trata de
sus minimalistas esculturas geométricas, pero anodina e incluso
infantil cuando se refiere a sus pinturitas axiales a modo de mandala.
También adolece esta Documenta 12 de un exceso de obra en pequeño
formato, herencia del anterior comisario Okwui Enwezor, que como
demostró en la Biacs2 de Sevilla es muy aficionado a los dibujos y las
fotos de dimensiones limitadas. Un repicar insistente que acaba
resultando baldío, porque al ser piezas reducidas acaban pasando casi
desapercibidas.
Centrándome en los
criterios museográficos del tándem Buergel/Noack, tengo que decir que
a excepción del Aue-Pavillon, los demás lugares estaban
trabajados de manera adecuada. La iluminación de las salas era tenue y
puntual, favoreciendo la sugestión y la concentración además de la
independencia de las piezas, que funcionaban generalmente mejor a
nivel individual que en grupo. La idea del director de privilegiar el
lugar por encima de la obra, queda de manifiesto al intentar romper
con la aséptica teoría del ‘cubo blanco’, dando lugar a diferentes
modelos expositivos según las características de cada uno de los
pabellones. Las excelencias del Documenta-Halle (cuyos altos
muros se pintaron de azul para romper con la monotonía que generaban
sus extensos espacios abiertos) es el lugar que mejor se adecua a las
ambiciosas exigencias del arte actual, necesitado de sitios que
amplifiquen las piezas en vez de constreñirlas. El Aue-Pavilion,
una nueva sede creada para la edición de este año y que ha levantado
polémicas por su alto presupuesto, no acaba de encajar. No se sabe
bien si es un gran hangar o una feria de muestras en medio de un
dilatado jardín, un torpe mastodonte varado que evidencia con la
precariedad de su estructura su carácter provisional. Esta inmensa
carpa desmontable es impropia e irreverente, y en su interior las
obras se aglutinaban sin dar descanso al visitante ni permitirle
disfrutar de lo que está viendo.
Sin llegar al pesimismo de Vivianne Loría en la Revista Lápiz,
que tachaba de gigantesca estulticia esta Documenta 12, tengo
que decir que Kassel es, y seguirá siendo, uno de las cumbres más
altas e interesantes del arte contemporáneo, lo que ocurre es que sus
níveas y hermosas cumbres se están deshelando ante la dificultad de
sobresalir en un mundo globalizado saturado de imágenes y de
información. En la última década, con el impensable avance de Internet
y las Nuevas Tecnologías, hemos reducido nuestra capacidad de asombro,
resultando mucho más difícil que estos macroeventos internacionales
que marcaban tendencias nos descubran nuevas posibilidades que no
conocíamos. En vez de amontonar artistas de los cinco continentes sin
ton ni son como ha hecho el director de esta edición, habría que
replantear con inteligencia el significado de la Documenta y adaptarlo
sin miedo a los tiempos actuales y venideros, buscando un motor que la
haga funcionar, nuevas estrategias que abran caminos no explorados y
un planteamiento sólido que argamase sus fisuras. |
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Sema d´Acosta, 2007.
fotografías
de Julia Zimmermann, Sema d´Acosta, James Coleman y Romuald Hazoumé
por cortesía de Documenta de Kassel y los propios artistas.
www.documenta.de
www.kassel.de
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miki
leal / cortesía del propio artista |
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ART BASEL
38.
13-17/06/07.
Una de las grandes interrogantes de este año era saber el papel que
iba a jugar Art Basel. La competencia con Venecia, Kassel y
Münster se suponía dura. Aunque las organizaciones habían aunado sus
fuerzas bajo la idea del Grand Tour, la rivalidad entre ellas por
atraer la atención del mundo del arte contemporáneo resultaba
ineludible; además, no se puede evitar que la gente compare. Sobre el
papel, la Documenta de Kassel y el Skulptur Projekte de Münster partían con ventaja:
perderse alguno de estos eventos suponía esperar cinco o diez años
hasta la próxima edición.
La Bienal de Venecia,
por su parte, parece cita obligada siempre: empezó su andadura en
1897, hace 110 años, y desde entonces es la referencia indiscutible de
todas las bienales que se celebran en el mundo.
No hubiera sido
extraño que la feria de Basilea se hubiera resentido, ante la
importancia de los acontecimientos que coincidían este año. Pero el
mercado es el mercado. Pocos días antes de la inauguración, más de 200
jets privados empezaban a aterrizar en el aeropuerto de una ciudad de
apenas 190.000 habitantes. Art Basel es la mejor feria de arte
contemporáneo del mundo y siempre es especial, pero esta edición se
notaba que era un poco más especial aún. Aunque año a año ha ido
creciendo la cifra de visitantes tanto en el conjunto de la feria como
en el día de la inauguración, guardando una proporción razonable, este
año parecía que nadie quería perderse el Vernissage. Ese día, el
primero, una auténtica avalancha humana se apresuraba sobre los stands
de las galerías. Coleccionistas, asesores y dealers aligeraban el paso
para reservar o adquirir una pieza antes que nadie. Nunca se había
vivido situaciones de tanta intensidad anteriormente. Al día
siguiente, los galeristas comentaban que había sido un día de locos.
De locos, en eso
parece haberse convertido el arte contemporáneo en el nuevo milenio. Y
ninguna organización ha sabido adaptarse mejor a esta locura y a las
exigencias de los nuevos tiempos que Art Basel. Bajo la dirección de
Samuel Keller, la feria ha conseguido reinventarse a sí misma y
definir un modelo que acoge y sintetiza lo mejor del sistema del arte
actual en un escenario globalizado: los mejores artistas, las galerías
de mayor prestigio, las colecciones e instituciones más importantes,
los medios especializados más influyentes, etc. La pujanza de Art
Basel ha tenido sus consecuencias: en unos pocos años ha visto cómo
han ido organizándose en la misma ciudad y al mismo tiempo varias
ferias paralelas: Liste, Voltashow y Scope, que ofrecen un enfoque
centrado en artistas y galerías emergentes, y Bâlelatina, dedicada al
arte latinoamericano; además, en un alarde visionario del que ha
carecido ARCO, ha sido capaz de echar raíces en un lejano territorio
hispanoparlante y crear otra exitosa feria: Art Basel Miami Beach.
La clave del
prestigio de Art Basel se basa en un criterio de selección muy
exigente. La calidad artística está por encima de todo, y esto afecta
no sólo a las galerías sino también a los artistas que participan en
los espacios y actividades que forman parte de Art Basel.
El espacio situado
justo delante del edificio principal está destinado a acoger los
Public Art Projects: instalaciones, esculturas o intervenciones
concebidas, por regla general, expresamente para la ocasión. Este año
había nueve proyectos realizados por los siguientes artistas: Wim
Delvoye, Michael Elmgreen e Ingar Dragset, Anish Kapoor, Tadashi
Kawamata, Paul McCarthy, Mike Nelson, Vedovamazzei, Not Vital y Thomas
Zipp.
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Los escandinavos
Elmgreen & Dragset instalaron en medio de la plaza la obra
Warm Regards, una moderna estructura de acero cromado y
cristal que funciona como quiosco en el que se venden, precisamente,
postales del propio quiosco. La pieza evoca de manera irónica el
hiperdesarrollo de la industria del souvenir, cuya presencia es
evidente en la mayoría de las ciudades turísticas; la vertiente
provinciana y cutre de algunas de ellas -los artistas pensaban en
Salzburgo- se hace patente en estos tenderetes urbanos concebidos para
comercializar los iconos arquitectónicos locales, a través de la
infinita variedad de postales, miniaturas, camisetas y otros objetos
producidos por la industria de la cultura kitsch.
Otra intervención
reseñable es la de los artistas italianos Vedovamazzei, cuya
pieza After Love recrea la casa que Buster Keaton
construye en One Week (1920), uno de sus primeros films. Como
regalo de boda, el protagonista –el propio Keaton- recibe de su tío
una pequeña parcela y una casa lista para ser montada, con la ayuda de
un manual de instrucciones, en una semana. Pero hay un individuo que
rivaliza con Keaton –ambos están enamorados de la misma mujer-, y está
decidido a sabotear el montaje: a escondidas, cambia la numeración de
las distintas partes y piezas. El resultado final es fácilmente
imaginable. Con After Love, Vedovamazzei abogan por el
indeterminismo, la improvisación y el caos frente a la creciente
exigencia de actitudes y comportamientos determinados por reglas,
instrucciones y relaciones causa-efecto.
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El estadounidense Paul McCarthy, eterno enfant terrible,
utiliza personajes e iconos reconocibles de la sociedad del bienestar
para subvertir los falsos mitos y convenciones de la cultura
occidental. Santa Claus with Butt Plug (Large) es una
escultura de gran tamaño que representa a un Papá Noel con su habitual
aspecto bonachón: nos sentimos reconfortados, en un primer y lejano
vistazo, al identificar un símbolo fuertemente arraigado en nuestro
sistema de tradiciones y costumbres. A medida que avanzamos, notamos
que algo no acaba de encajar del todo: si con una mano Santa Claus
sostiene la típica campana navideña, con la otra levanta un enorme
dildo. McCarthy cuestiona la validez de las reglas y convenciones
establecidas y trata de corromper los referentes de las modernas
sociedades occidentales, sacando a flote las pulsiones del cuerpo
humano que remiten, en última instancia, a la escatología y al sexo.
Otro de los platos
fuertes de la cita es Art Unlimited, un amplio espacio destinado a
exhibir obras de gran escala que difícilmente podrían ser ejecutadas
en otro contexto: instalaciones, pinturas, videoproyecciones,
performances, intervenciones, etc. Más de 60 trabajos se distribuyen
por el conjunto expositivo: junto a obras de figuras
internacionalmente reconocidas como Alighiero e Boetti, Carl Andre,
Daniel Buren, Alexander Calder, Pierre Huyghe o Annete Messager,
nos encontramos con otras de artistas jóvenes menos conocidos. Entre
éstos, la alemana Katharina Grosse nos interesa especialmente.
Desde hace años, Grosse viene investigando los límites de la
experiencia pictórica convencional: el óleo, el pincel clásico y el
tradicional lienzo de dos dimensiones han sido sustituidos en su caso
por la pintura acrílica, la pistola de spray y los espacios
arquitectónicos tridimensionales. Enfundada en un mono de trabajo
especial y protegiéndose el rostro con una máscara, la artista dispara
chorros de pintura sobre paredes, ventanas, suelos, techos,
estanterías con libros, montones de tierra, camas, ropa, o formas
esféricas y ovoides como en esta ocasión. En cierto sentido, se trata
de una reinterpretación contemporánea de los frescos y murales del
Renacimiento, que la artista ha estudiado a fondo. El resultado es
sorprendente: los átomos de pintura se superponen en distintas capas,
invadiéndolo todo de un colorido eléctrico e intenso y ofreciéndonos
una perspectiva nueva sobre las relaciones entre la pintura, el color
y el espacio.
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Una sección que ha hecho su debut en esta edición es la plataforma Art
on Stage, organizada en colaboración con el Teatro de Basilea. La
inauguración corrió a cargo del artista tailandés Rirkrit
Tiravanija, que llevó a cabo una performance acompañado de la
Basel Sinfonietta. Tiravanija, fiel al espíritu nómada que anima toda
su obra, continúa firme en su incesante búsqueda de nuevos
planteamientos, actitudes y estrategias para las prácticas artísticas.
Hace una década el crítico francés Nicolas Bourriaud acuñó el concepto
de estética relacional para aludir a las nuevas propuestas de
un conjunto de artistas que ya no estarían interesados en el objeto
artístico como tal sino en las relaciones de intercambio que se
producen en el contexto de la experiencia artística. Tiravanija es la
figura paradigmática de esta estética. Desde principios de los
noventa, ha cocinado recetas thai en galerías y museos, o trasladado
hasta allí el mobiliario de su propia vivienda, departiendo
abiertamente con los visitantes y tratando de establecer un nuevo
sistema de relaciones entre el artista, el público y la obra de arte
en sí misma. Tiravanija se desmarca de sistema artístico convencional,
proponiendo la precariedad de un encuentro improvisado e informal
frente a la solemnidad del habitual espacio destinado a albergar arte,
y apostando asimismo por la condición efímera del fenómeno artístico
frente a la pretensión de permanencia del objeto tradicional. La
performance realizada en Basilea ahondaba de lleno en estos sugerentes
planteamientos.
Como vemos, Art Basel
no ha desempeñado un papel secundario en esta edición, ni mucho menos,
respecto a los otros eventos del Grand Tour. Este año, además,
concluye una brillantísima etapa para la feria. Samuel Keller, que
accedió a la dirección en 2000, con 34 años, abandona su puesto para
empezar una nueva aventura al frente de
la Fundación Beyeler. La organización ha decidido que Keller será
sustituido por un triunvirato: aunque la gestión es conjunta y
compartida, uno de los nuevos responsables asumirá la dirección
artística, otro se ocupará de la organización y las finanzas, y otros
será el encargado de planificar la estrategia y el desarrollo futuro
de la feria. El 1 de enero de 2008 comienza otra nueva e interesante
etapa para Art Basel.
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Diego Valdés, 2007.
fotografías
de Diego Valdés
por cortesía de Art Basel.
www.artbasel.com
www.basel.ch
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miki
leal / cortesía del propio artista |
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SKULTUR PROJEKTE MÜNSTER 07.
16/06/07 - 30/09/07.
Münster es una ciudad
alemana de tamaño medio, tiene un casco histórico que conserva bien
sus trazas medievales y una vida cultural intensa. Además de poder
presumir de ser la población europea con más bicicletas por habitante,
es con diferencia por su riqueza y atractivos, la urbe más conocida de
la región de Westfalia. A todos sus argumentos naturales, hay que
sumar un macroplan de gran envergadura y largo alcance relacionado con
el arte contemporáneo. Con una visión de futuro magnífica y con un
criterio firme, desde hace treinta años lleva organizando el
Skultur Projekte Münster, una iniciativa que nace en 1977 para
entablar un diálogo entre proyectos escultóricos de los mejores
artistas de hoy día y el entorno privilegiado de la ciudad germana. Lo
sorprendente es que el evento, que ha llegado este verano a su cuarta
edición, se celebra cada diez años, evidenciando las autoridades
locales con su constancia que saben apreciar la cultura como una
auténtica inversión de futuro que prevalece por encima de modas e
intereses particulares, algo que no ocurre en otras latitudes más
cercanas a nosotros, donde sólo se entienden estos asuntos públicos
como moneda de cambio política para obtener lustre rápido y réditos
electorales.
El planteamiento
inicial es sencillo, se trata de apostar por la convivencia entre la
expresión artística de nuestra época y el ritmo de una ciudad en su
día a día, demostrando que la interacción entre la vida de sus
habitantes -con sus menesteres y trasiegos cotidianos-, y el arte
actual, no sólo es posible, sino muchas veces necesaria. El Skultur
Projekte Münster asume la cultura como un hecho social indisoluble
de otros asuntos habituales que atañen a los ciudadanos, una reflexión
muy interesante en torno a la esfera pública como lugar de
pensamiento, como ágora de encuentro donde acercar la cultura al
pueblo para potenciar su capacidad crítica y de entendimiento.
La edición de
2007, que ha finalizado en septiembre, ha constado de treinta y tres
proyectos realizados ex profeso por artistas de reconocida
trayectoria provenientes de cualquier parte del mundo. El comité de
comisarios, compuesto por Brigitte Franzen, Kasper Kooning y Carina
Plath, sólo explicaba a los seleccionados el porqué de su elección y
los márgenes por los que tenían que moverse. No les concretaban nada
más, eran los propios creadores los que planteaban la discusión en
torno al espacio que iban a transformar o intervenir. La gran novedad
de la convocatoria que acaba de clausurarse, ha sido una apuesta
encendida por el vídeo, proyecciones que se repartían por diferentes
lugares públicos –caso de museos o cines-, y privados -normalmente
hoteles-. De los que observé, sin duda el que me pareció más
interesante y original fue el Drama Queens del dúo Elmgreen
& Dragset, irónica y profunda recreación teatral donde los actores
eran animadas superestrellas de la Historia Moderna de la Escultura,
entre ellas el Rabbit de Jeff Koons, los Cuatro Cubos de
Sol LeWitt, un granito de Rückriem, la Brillo Box de Wharhol o
el Hombre caminando de Giacometti. El cortometraje
seudodocumental The Head del lituano Narkevicius, que
hacía un recordatorio de la reciente vida comunista en los países
escindidos de la Antigua URSS, utilizaba como recurso escenas en torno
a la construcción de un vaciado gigante de la cabeza de Karl Marx. Un
motivo metalingüístico que al menos resultaba folclórico.
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Siguiendo esta línea que se sale de lo estrictamente tridimensional
(muchos de los proyectos trascienden el simple concepto de escultura
para decantarse por el accionismo, la intervención, la performance
o el audiovisual), había un par de propuestas que eran enteramente
sonoras. La del japonés Suchan Kinoshita no resultaba
especialmente interesante, pero la de Susan Philipsz fue la
sorpresa más agradable que me encontré en Münster. En los extremos de
un largo puente, estudiando muy bien su acústica y las sensaciones
auditivas que producía la reverberación del sonido en su superficie,
se podía oír una hermosa canción, meliflua y vaporosa, que era como
una especie de diálogo entre espíritus que habitasen ambas orillas.
Pocas veces una obra de arte resulta tan conmovedora; los oyentes
terminaban enternecidos y admirados ante la capacidad lírica de la
artista escocesa.
Uno de los aspectos
más provechosos del Skultur Projekte es que el planteamiento de
la organización es acumulativo. Es decir, de las ediciones anteriores,
celebradas en 1977, 1987 y 1997, se han rescatado las piezas más
convincentes para que formen parte del patrimonio municipal, una idea
que permite ir sumando obras al mismo tiempo que se cultiva el respeto
por lo vigente y no por lo consagrado, un modo muy adecuado de
construir las referencias del futuro sin complejos ni tradicionalismos
consuetudinarios. De los proyectos que han perdurado, los de Donald
Judd, Claes Oldenburg y Jorge Pardo, los tres cercanos al
lago, me parecen magníficos. El primero por su firmeza, el segundo por
su ironía y el tercero por su poesía.
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Muchas de las intervenciones no se encuentran con facilidad, están
diseminadas por doquier sin intenciones aparentes. Algunas es
necesario buscarlas de manera concienzuda para dar con ellas. Las
obras no chocan con el paisaje, lo vivifican, se adentran en él,
callan, permanecen; ni enturbian ni molestan, participan del contexto
elevándolo, cargándolo de nuevos significados a veces difíciles de
escrutar o comprender, pero siempre abiertos y dispuestos a
plantearnos dudas, a ofrecernos sus complicaciones para facilitarnos
el entendimiento del mundo y de las cuestiones más inexplicables sobre
el ser humano. No es fácil, por ejemplo, enfrentarse a la compleja
pieza que tiene en Münster Rebecca Horn desde 1987, pero
al adentrarnos por los estrechos pasillos de la vieja torre carcelaria
donde está su instalación, uno siente muchos de los escalofríos que
padecieron los reos que allí fueron torturados. No se sabe cómo, pero
la sensibilidad de la artista nos hace percibir impresiones
indescriptibles e inquietantes. También sensaciones vivas, aunque de
otro tipo, son las que es capaz de despertar la irregular plaza
trazada por Bruce Nauman, una propuesta que se diseñó
originariamente para 1977 pero que no ha podido llevarse a cabo hasta
la edición de 2007. Esta pirámide invertida, un poliedro cóncavo con
cuatro superficies descompensadas a modo de suelo, es una de las
intervenciones que más desconciertan y atraen a los visitantes por la
manera en la que juega con la perspectiva y la estabilidad. Otro de
los proyectos que más despierta la imaginación, es el sitio
arqueológico planteado por Guillaume Bijl, un montículo
pequeño, con forma de excavación, donde aparece en su interior el
remate final de una torre, dejando abierta muchas interrogantes que
van, sin ánimo de resolver nada, desde lo cómico hasta la trágico. Las
triangulares banderolas bicolor que colocó Daniel Buren en 1997
en la calle principal de la ciudad (artista francés que está
construyendo ahora uno de sus conocidos arcos para el Guggemheim de
Bilbao), es una acción que se ha recreado con acierto también para la
edición de este año, convirtiendo Prinzipalmarkt en un festivo
bosque rebosante de cromatismos que manifestaba a las claras el
momento especial que vivía la ciudad.
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Dentro de la globalidad, también hay piezas que comunican poco o que
no pasan de ser coyunturales, caso del pequeño parque temático de
Dominique González-Foerster y de la flor de colores de Marko
Lehanka. Ambos planteamientos me parecen anecdóticos y faltos de
contenido, denotando sus creadores poco poso o designios
superficiales. Sí aprecio en cambio más profundidad, por su fino y
disimulado ingenio, en las dos esculturas de Thomas Schütte que
conviven con sana armonía en una pequeña plaza del centro histórico, y
en el aparatoso establo, con animales vivos incluidos, planteado por
Mike Kelley, una extraña mezcolanza, entre el sarcasmo y la
religión, que nos remite a pasajes bíblicos tan intensos como la
conversión de la mujer de Lot en estatua de sal.
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Después de visitar una ciudad como Münster, donde el arte
contemporáneo forma parte del entorno urbano y de la vida misma de sus
habitantes, me admiro ante la capacidad conceptual de los alemanes,
una sociedad moderna que tiene superada a fuerza de renovación y
esfuerzo muchas estrecheces mentales habituales todavía en gran parte
de España. Frente a las limitadas entendederas de los gestores
públicos de nuestra tierra (que cuando tienen que poner una escultura
en un espacio público sólo la comprenden si lo que ven tiene un corte
academicista -con o sin pedestal-, va a ser situada en una rotonda o
celebrada su colocación con atávica grandilocuencia), los responsables
municipales germanos dan una lección de aperturismo, se dejan de
boteros, mitorajs, artistillas locales y otros cachivaches
decorativos de supermercado, para apostar de verdad por algo
transgresor y reflexivo. Una lección no sólo de capacidad, sino
también de responsabilidad, porque entre las misiones de los elegidos
por los ciudadanos, debe sobresalir con letras doradas la de
enriquecer el acervo común con criterio, buen hacer e inteligencia.
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Sema d´Acosta, 2007.
fotografías
de Sema d´Acosta
por cortesía de Skultur Projekte Münster.
www.skulptur-projekte.de
www.muenster.de
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miki
leal / cortesía del propio artista |
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LA
BIENNALE DI VENEZIA. 52 ESPOSIZIONE INTERNAZIONALE D´ARTE.
10/06/07 - 21/11/07.
Es inevitable reconocer que visitar la Bienal de Venecia es mucho más
que visitar la Bienal de Venecia. El empacho visual, artístico,
arquitectónico, cultural, al que uno se ve sometido por esta ciudad
que no da tregua, puede sutilmente persuadir las conclusiones finales
de tan importante evento, dejándonos algo indefensos y optimistas
frente a tanta excitación.
La última edición de
este maremoto de arte ha ocupado dos enclaves tradicionales e
inigualables de la ciudad: Los Giardini y el Arsenal, así como
numerosos puntos interurbanos con acciones puntuales y proyectos
específicos. Las cifras aunadas son de vértigo. En tres meses han sido
155,000 los visitantes que se han desplazado hasta esta feria de
ferias, para ver alrededor de 100 artistas, representados por 76
países diferentes. Por no hablar de la cifra; 52 añitos cumplidos por
la Bienal y que nos remonta a vislumbrar sus inicios allá por el año
1893. La verdad es que, de entrada, parece increíble que aún se
mantenga en pie y no haya sucumbido ante vicisitudes económicas,
dictámenes políticos, intereses generales, diferencias internas y un
largo etcétera. Por supuesto, la Bienal también ha tenido sus crisis,
pero tan sólo en dos ocasiones ha tenido que interrumpir sus
actividades, en la I y II Guerra Mundial.
Piensa con los
sentidos – Siente con la mente. Arte en el tiempo presente. El título que Robert Storr -director artístico de
esta edición, y dicho sea de paso, el primer americano que se pone al
frente de semejante empresa-, ha dado en poner a la muestra es
realmente sugerente, cuesta trabajo despedazarlo para interiorizar tan
amplio significado que emana de un enunciado tan rotundo. Más allá de
eso, no creo que tenga nada que ver con la exhibición centenaria.
Pero, por qué no, al menos es místico y lo místico pega en una bienal.
No pensemos que por
haber tantos artistas exhibiendo sus trabajos, la mayoría van a ser
buenos, o excepcionales. Hay mucho de lo de siempre; mucha
mamarrachada, mucho conceptualismo inexistente, mucho minimalismo
escondiendo nada, y muchas cosas que ya hemos tenido la ocasión de ver
en su estado genuino. No obstante, de entre todo este maremagnum de
expresiones, son bastantes las veces que uno se para en seco para
apuntar el nombre de un artista que presenta algo especial, bien por
el formato, bien por la originalidad, bien por la sencilla calidad.
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Sorprende agradablemente, nada más entrar en el Arsenal veneciano, el
trabajo del italiano Luca Buvoli (Brescia, 1963) que tiene el
honor de habitar los primeros espacios de este antiguo edificio
industrial. La instalación que tiene resulta simpática, pareciera un
invento de Leonardo pero con colorido, cuyas piezas volátiles arrojan
sombras de colores alrededor de las paredes blancas. No obstante, lo
que más me sorprendió fue uno de los videos que ha preparado para la
Bienal. En él aparece una silueta al estilo colorido de Warhol,
pero mucho más dinámica y esquemática, más flexible, que hace suyo el
manifiesto futurista de Marinetti. El video, creado por
ordenador, emite una voz intermitente y ralentizada y la imagen,
acompañando en el ritmo, se satura de saltos visuales y de colores. Su
obra se apunta a la estética futurista, con una gran calidad en la
ejecución. La verdad es que el video abunda por todas las salas de la
Bienal. Hay algunos fantásticos, como el del grupo AES+F,
participantes en el pabellón ruso, que presentan Last Riot, un
audiovisual centrado en un mundo virtual que bebe de los modelos del
Siglo XX pero que se recompone como un mundo totalmente nuevo. En este
mundo, los protagonistas corren el riesgo de perder la identidad, su
historia y valores, conformándose con habitar un espacio congelado
donde siempre se está en guerra, luchando contra otros seres, como si
estuvieran obligados a permanecer atrapados en un juego de
videoconsola prefabricado, donde el sentido de las cosas queda
relegado por la destrucción humana. Otro video espectacular es el de
Paolo Canevari (Roma, 1963), realizado a las puertas del
antiguo Cuartel General de ejército yugoslavo en Belgrado, bombardeado
por la NATO en 1999. Durante doce minutos, Canevari nos muestra a un
chaval jugando a dar pataditas a un balón. El sonido de la cinta
recoge un terriblemente mudo sonido ambiente, que acompaña a la imagen
del edificio totalmente bombardeado algún tiempo atrás. Cuando el
muchacho se acerca, descubrimos con horror que su único compañero de
juego no es una esfera, sino un cráneo humano. Son imágenes que llegan
directamente, forzándote a plantearte muchas alternativas. Sin
embargo, la gran mayoría de los videos obligan al espectador a pararse
mucho tiempo ante imágenes que forman parte de un proyecto más
ambicioso, a medio camino entre el documental y el cine experimental,
y que en muchas ocasiones, si previamente no conocemos a dicho
artista, o dicho proyecto, nos deja un poco indiferentes por lo
descontextualizado del mensaje.
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No podían faltar en este evento algunos de los grandes nombres del
arte contemporáneo europeo, presentes en su mayoría dentro del
pabellón italiano que se ubica en los Giardini. Bruce Nauman
(1941, Indiana) ha apostado por una obra que nada más verla, se intuye
que sólo un artista bien consolidado ha podido hacer, no por su
genialidad, sino por su excentricidad. Venice Fountains, son
dos piletas enfrentadas, cada una con un caño de agua cayendo desde un
poco más arriba, directamente desde la boca de un molde de cera de
rostro humano. Gerhard Richter (1932, Dresde), contribuyendo a
dar algo de presencia al óleo, despliega en una gran sala seis piezas
de gran formato con sus últimas investigaciones del color y la
materia, en tonos grises, rojos, verdes y amarillos. Un trabajo de
Sol LeWitt (1928-2007, Connecticut) del 2005 aúna dos paredes
dibujadas enfrentadas que van de lo oscuro a lo claro y viceversa.
Louise Bourgeois (1911, París) presenta también obra del 2005, una
serie de 72 diseños dibujados sobre papeles de pequeño tamaño que
juntos forman un gran mural de esta excepcional artista francesa. La
apuesta del pabellón de Gran Bretaña ha sido arriesgada y rotunda, ya
que está ocupado casi en su totalidad por la escandalosa y polémica
Tracey Emin (1963, Croydon), que demuestra sus dotes dibujando y
presenta una sala cargada de obra gráfica, dibujos y óleos de
inspiración erótica, desgarradores en algunos casos –como es lo más
habitual en ella- pero sutiles y sugerentes en otros. Por último, el
argentino más vetado, León Ferrari (1920, Buenos Aires), con un
espectacular despliegue de formatos dividido por dos etapas. Por un
lado, trabajos antiguos donde arremete sin sigilo contra la Iglesia,
con ilustraciones y collages que se componen a base de un titular de
prensa con algún sermón eclesiástico y una imagen de la historia de la
religión que contradice rotundamente el postulado. Sobrevolando estos
documentos, un avión de guerra que hace de cruz para un cristo con las
manos extendidas. En esta guerra contra la hipocresía de esta
Institución, Ferrari no tiene rival; Por otro lado, trabajos
recientes, del 2006, donde aborda instalaciones de esmalte sintético y
espuma de poliuretano, erigiendo con dichos materiales ciudades
nebulosas, deformadas y casi craterianas.
Algo que no he
terminado de entender es por qué hay tantos trabajos de fechas
antiguas. Un evento de estas características debiera responder a obras
de rabiosa actualidad. En el pabellón de España, por ejemplo,
Manuel Vilariño (La Coruña, 1952) ha presentado Paraíso
fragmentado, un interesante mural compuesto a base de piezas que
exhiben aves y reptiles muertos sobre especias de colores vivísimos,
contrastando el azafrán, el pimentón, con los cuerpos yertos, una obra
finalizada en el 2003, pero comenzada en 1998. El grupo Los
Torreznos y el cineasta catalán José Luis Guerín
(Barcelona, 1960) tienen también cosas que aportar. Los
primeros con algunos videos sacados del absurdo que arrancan la risa a
todo el que se pone enfrente. El segundo, con un poético proyecto,
Las mujeres que no conocemos, en el que nos dan a conocer
distintas féminas de la calle, imágenes captadas por la cámara en
momentos de gran belleza e intimidad.
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Si podemos afirmar sin reparos algo, es que en esta edición de la
Bienal más antigua del mundo, hay cabida para todo, incluso para
relajarse, gracias a la instalación interactiva que Jacob Dahlgren
(Estocolmo, 1970) ha ubicado en el pabellón de los países
nórdicos. Un inmensa pared llena de dianas invita al espectador a que
se tome un respiro y descargue la adrenalina acumulada, siguiendo en
la línea participativa de otras instalaciones anteriores del mismo
artista. Otra obra inclasificable, son los Diarios de El
Anatsui (Ghana, 1944), especie de telas inmensas engarzadas a base
de chapas machacadas, y precintos de todo tipo de botellas. El
resultado es tremendamente colorista, casi un fondo de Klimt. También
ha habido ocasión para algún que otro homenaje, como por ejemplo el
que los rusos Alexander Ponomarev (1957, Dnepropetrovsk) y
Arseny Mescheryakov (Moscú, 1970) han rendido a Nam June Paik en
Shower, una ducha de imágenes de lo más envolvente y
estimulante. Así mismo, el pabellón de Venecia está dedicado a
Emilio Vedova (Venecia, 1919-2006), y para ello se ha escogido la
obra de gran formato de Georg Baselitz, (Alemania, 1938) una de
las mejores de toda la Bienal. Sus óleos de rasgado expresionismo, que
sólo se valen del blanco y el negro, son apabullantes y
sobrecogedores, sencillamente magistrales.
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Laura Acosta, 2007.
fotografías
de Laura Acosta
por cortesía de Biennale di Venezia.
www.labiennale.org
www.comune.venezia.it
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miki leal / cortesía del propio artista |
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